Si trabajas en marketing, desarrollo de software o lideras un equipo creativo, probablemente te hayas hecho la siguiente pregunta: «Si creé este texto, imagen o código usando inteligencia artificial, ¿quién es el propietario de la propiedad intelectual?». Esta pregunta, que antes parecía ciencia ficción, ahora está en el centro de una de las mayores batallas legales y corporativas de nuestro tiempo. Estamos entrando en una economía donde el activo más valioso de las empresas ya no es físico; el verdadero valor reside ahora en los datos, la reputación digital, la capacidad de gobernanza y la propiedad intelectual.
Para comprender en profundidad cómo la Inteligencia Artificial está redefiniendo las leyes de derechos de autor y transformando la gobernanza corporativa, hablamos en el Elas em Tech con dos figuras destacadas del ecosistema jurídico y tecnológico brasileño: Tania Liberman (especialista en protección de datos y propiedad intelectual, cualificada en Brasil y Nueva York) y Julia Pazos (figura destacada en la estrategia para proteger y monetizar activos intangibles y liderazgo femenino en blockchain).
Prepárate un café y sigue este análisis detallado del impacto de la IA en el ecosistema de la propiedad intelectual.
La legislación tradicional sobre derechos de autor, tanto en Brasil como en la mayor parte del mundo, se basa en un principio muy claro: para que exista la protección de los derechos de autor, debe haber una creación humana. Y es precisamente ahí donde la cuestión se complica.
Cuando introduces una pregunta en ChatGPT, Midjourney o Copilot y la herramienta genera un resultado, ¿quién es el autor? Actualmente, el panorama global se divide en dos corrientes principales:
Se argumenta que el resultado generado por la IA generativa pasa automáticamente al dominio público, lo que significa que carece de protección legal y puede ser utilizado por cualquier competidor. Si bien esta es la interpretación más literal de la ley actual, crea un escenario peligroso para los mercados de capitales y las agencias de innovación, limitando la monetización de los activos.
Ella argumenta que la autoría debe evaluarse en función del nivel de interacción humana y creatividad en el proceso. Como explicó Julia Pazos, el proceso creativo profesional con IA no se limita a un solo clic:
“No se trata simplemente de dar la consigna y crear el personaje. Hay todo un proceso creativo involucrado: el personaje interactúa, solicita cambios en el entorno, la paleta de colores, el encuadre y el contexto. Cuantas más instrucciones originales des que influyan en el resultado final, mayor será tu posibilidad de atribuirte la autoría.”
Julia Pazos
La lección para las empresas es clara: cuanto más genérico sea su uso de la IA, más se parecerá su marca a la de la competencia y menor será su protección legal. La originalidad sigue siendo el principal factor diferenciador competitivo.
El debate sobre la IA y la propiedad intelectual no se limita a lo que produce (resultado), sino que también abarca lo que consume (entrada). Existen dos cuellos de botella críticos que su equipo de TI y su departamento legal deben supervisar bajo estrictas directrices de gobernanza:
bases de datos protegidas por derechos de autor. Si su empresa utiliza IA que infringió los derechos de autor de terceros durante el entrenamiento, el producto final entregado a su cliente podría contener un defecto legal oculto.
Un error muy común y peligroso: que los empleados introduzcan contratos, datos de clientes, código propietario o planes de marketing en herramientas de IA abiertas (públicas) para que estas creen resúmenes o reseñas.
Muchas de estas herramientas utilizan la interacción del usuario para entrenar sus modelos externos. Si la IA no está certificada y el contrato no se revisa para garantizar la total privacidad, su información confidencial podría filtrarse o ser compartida con un competidor que realice una búsqueda similar.
Hubo un tiempo en que los programas de privacidad (como el cumplimiento de la LGPD) se consideraban simplemente una "lista de tareas" burocrática o una protección contra las multas regulatorias. Hoy en día, la gobernanza ha cambiado: se ha convertido en un activo monetizable y una forma de diferenciarse en el mercado.
Tânia Liberman destacó que, en las rondas de inversión y en los procesos de fusiones y adquisiciones (M&A), la tecnología y la auditoría de datos suelen ser el factor determinante para el éxito o el fracaso de la operación:
“Cuando auditamos una empresa para su adquisición, analizamos si ha sufrido algún incidente y cómo se gestionan sus datos. Una organización con un programa de gobernanza adecuado se vende con mayor facilidad y alcanza una valoración mucho más alta.”
Además, las empresas que disponen de datos estructurados y limpios pueden identificar patrones de mercado, personalizar la experiencia del cliente de forma ética y crear nuevos productos escalables con total seguridad jurídica.
Si la inteligencia artificial ha derribado las barreras para la creación de contenido, ¿cómo se demuestra la autenticidad de un activo? La respuesta reside en la intersección con otra tecnología disruptiva: Blockchain.
Más allá del mercado de las criptomonedas, la tecnología blockchain funciona como una base de datos inmutable y descentralizada. En el ámbito de la propiedad intelectual, actúa como un registro sólido del estado de la técnica anterior (marca de tiempo).
A medida que avanzamos, el mercado exige un cambio de comportamiento urgente. Se estima que, en pocos años, gran parte del contenido que circule en las redes sociales será sintético (generado por IA). El factor diferenciador clave para marcas y profesionales será su capacidad para generar credibilidad y conexiones auténticas.
El primer paso práctico para cualquier organización que desee innovar sin poner en riesgo su reputación es la alfabetización digital. Implementar manuales visuales de uso de IA, talleres de buenas prácticas y comités de ética de datos ya no es opcional: es la base para proteger el futuro de su negocio.
Este artículo destaca únicamente los puntos clave de una conversación de casi una hora de duración, repleta de ideas estratégicas, estudios de casos reales sobre regulación internacional (como la Ley de IA ) y valiosos consejos sobre el liderazgo femenino en el ecosistema tecnológico.
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