El mercado de la inteligencia artificial y la computación en la nube se expande rápidamente. Cada semana surge una nueva herramienta, un nuevo modelo, un nuevo producto innovador en cuestión de horas. Pero tras esta agilidad técnica se esconde un marco legal igualmente complejo que, en la práctica, determina si una empresa sobrevive a un incidente de seguridad o se convierte en el próximo caso sancionado por la Autoridad Nacional de Protección de Datos (ANPD).
Ese fue precisamente el tema central de la conversación en el Builders, que reunió a la Dra. Renata Barros, directora legal de cumplimiento y gobernanza en Skyone, y a Henrique Fabretti, socio del bufete Opice Blum Advogados. La conversación comenzó con una guía publicada recientemente por la CNIL (la autoridad francesa de protección de datos) sobre la asignación de funciones entre las partes involucradas en la gestión de servicios en la nube. A partir de ahí, la conversación exploró aspectos fundamentales que toda empresa que maneja datos personales, IA o computación en la nube debe dominar: quién es responsable de qué y por qué.
Tanto la LGPD brasileña como el RGPD europeo, que sirvió de inspiración para la ley brasileña, dividen las responsabilidades del tratamiento de datos personales entre dos figuras centrales. Como explicó Henrique Fabretti, esta división no es burocrática, sino una cuestión de equidad regulatoria:
La legislación decidió diferenciar las funciones porque hay partes con mayor influencia y poder de decisión sobre los datos, y partes con menos poder, y no sería justo aplicar el mismo criterio a ambas.
El responsable del tratamiento es quien toma las decisiones pertinentes: define la finalidad del tratamiento, decide qué hacer con los datos, cuánto tiempo conservarlos y cuándo eliminarlos. El operador (el encargado del tratamiento según el RGPD) solo ejecuta instrucciones. Trata los datos por cuenta de un tercero, sin autonomía para decidir sobre la finalidad de dicho tratamiento.
Según Fabretti, la trampa reside en que esta distinción «parece sencilla a primera vista», pero rara vez es binaria. Cita el ejemplo de Skyone: «a menudo, en la gran mayoría de los casos, una empresa no es solo operadora ni solo controladora en la misma relación». Una empresa puede ser controladora en una parte de la operación y operadora en otra, dentro del mismo contrato y del mismo producto. Por lo tanto, el primer paso para cualquier empresa que gestione datos personales es: definir, paso a paso, el rol que desempeña en cada etapa de la operación.
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Uno de los momentos más instructivos de la conversación fue cuando los ponentes propusieron un ejemplo práctico: un desarrollador crea un CRM utilizando IA —la llamada «programación intuitiva» — y este CRM almacena una base de datos de clientes. ¿Quién tiene el control en esta relación: quien desarrolló el CRM o quien lo utiliza?
La respuesta de la Dra. Renata aclara una idea errónea extremadamente común en el mercado tecnológico:
El usuario del CRM, no el proveedor, decide qué información se incluye en el sistema (nombre, correo electrónico, estado civil, hijos). El proveedor dispone de los campos, pero el usuario decide qué datos se almacenan y qué hacer con ellos posteriormente.
Renata Barros, Directora Legal, Cumplimiento y Gobernanza de Skyone
En otras palabras, la mayor carga regulatoria recae sobre quienes utilizan la herramienta y deciden el propósito de los datos, no sobre quienes construyeron la infraestructura tecnológica. Como señaló André Senna durante el programa, esto resulta contraintuitivo: «a primera vista, se podría pensar lo contrario». La tendencia natural es asumir que quien posee la complejidad técnica (el proveedor de la nube, el desarrollador de la plataforma) es automáticamente responsable. Pero no es así. Según Renata, el proveedor «define el "cómo" técnicamente; es la base sobre la que se ejecuta la operación. Pero quien define el negocio es el responsable, y eso conlleva la mayor responsabilidad».
Es precisamente esta zona gris la que la guía de la CNIL pretende eliminar: el hecho de que un proveedor tenga una infraestructura tecnológica más sofisticada no lo transforma automáticamente en un responsable del tratamiento ni lo convierte en el "propietario de los datos".
La discusión dejó de ser abstracta cuando Fabretti mencionó un caso concreto y reciente: un proceso sancionador de la ANPD (Autoridad Nacional de Protección de Datos), hecho público la semana anterior a la grabación, que involucraba una plataforma de citas dirigida a la comunidad LGBTQ+ desarrollada mediante codificación Vibe. La plataforma experimentó un crecimiento explosivo, alcanzando más de 30.000 usuarios en poco tiempo, y, debido a una falla en la configuración de seguridad, expuso los datos de todos los usuarios recién llegados.
La cuestión que planteó Fabretti sobre la gravedad del caso va mucho más allá del importe de la multa:
Almacenabas datos de personas con una clara orientación sexual, y se filtraron. Quien creó esto debe considerar: podría revelar la orientación sexual de alguien que no está preparado. Una familia conservadora se entera a través de una filtración porque alguien vio el nombre de su hijo y lo envió al grupo de WhatsApp.
Henrique Fabretti, Socio de Opice Blum Advogados
Este ejemplo ilustra un principio fundamental de la LGPD (Ley General de Protección de Datos de Brasil) que la Dra. Renata recalcó a lo largo del episodio: se trata de una legislación basada en el riesgo, no en reglas binarias. No existe una respuesta simple de "puede o no puede"; hay un espectro de exposición, y el nivel de cuidado requerido es proporcional a la gravedad del daño potencial. Los datos de salud, la orientación sexual u otra información sensible requieren un nivel de diligencia debida mucho mayor que, por ejemplo, una base de datos de nombres y CPF (número de identificación fiscal brasileño).
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Uno de los conceptos más operativos que se abordan en el episodio es la diferencia entre la seguridad en la nube (responsabilidad del proveedor: infraestructura física, actualizaciones del sistema operativo, control de acceso físico al centro de datos) y la seguridad en la nube (responsabilidad del usuario: gestión de acceso, configuración correcta de las herramientas, revocación de credenciales).
Según Fabretti, que trabaja directamente en la respuesta a incidentes en la oficina de Opice Blum, la gran mayoría de los problemas no se deben a fallos de los proveedores:
Es muy raro que se produzca un incidente de seguridad que afecte a la seguridad en la nube; los entornos de los centros de datos suelen estar muy bien controlados. Normalmente, es el usuario del servicio en la nube quien no ha gestionado el acceso correctamente: un token dejado en un repositorio público de GitHub o un tercero que abandona la empresa y cuyas credenciales nunca se revocan.
Henrique Fabretti, Socio de Opice Blum Advogados
La Dra. Renata resumió esta distinción con una analogía que vale la pena recordar:
Consideramos la seguridad en la nube como una caja fuerte altamente reforzada y prácticamente indestructible. De nada sirve si dejas la llave en la recepción.
Renata Barros, Directora Legal, Cumplimiento y Gobernanza de Skyone
Esta metáfora ilustra directamente por qué muchas empresas no dan en el clavo al invertir mucho en infraestructura sin invertir de igual manera en la gobernanza del acceso, la rotación de credenciales y la capacitación del equipo.
Uno de los segmentos más interesantes del episodio exploró un escenario deliberadamente extremo: un ataque mediante un periférico físico (un teclado comprometido que instala malware al conectarse), prácticamente sin dejar rastro. ¿Quién es el responsable?
La respuesta de Fabretti provocó un cambio importante de perspectiva sobre cómo el regulador brasileño analiza realmente estos casos:
Según la ANPD (Autoridad Nacional de Protección de Datos de Brasil), al determinar si usted cumplió o no con su deber de diligencia en materia de seguridad, no le importa si el responsable fue el informático o el CISO. Lo que importa es que el incidente ocurrió, y se analizará el nivel de cuidado que usted tomó para prevenirlo.
Henrique Fabretti, Socio de Opice Blum Advogados
En la práctica, esto significa que la existencia de un incidente no es, por sí sola, prueba de negligencia. Lo que la autoridad evalúa es la diferencia entre dos posibles escenarios: una empresa que capacitó a su personal, monitoreó la red, mantuvo registros y realizó análisis forenses después del incidente; frente a una empresa que carecía por completo de estas medidas y solo descubrió el problema porque un tercero se lo notificó. En el caso de la aplicación Vibe Codado, según Fabretti, la postura de la ANPD fue clara: «No tomaron ninguna de las de seguridad, y por eso ocurrió el incidente, y por eso están siendo sancionados».
La conclusión práctica, resumida por Renata, es que la gobernanza no es burocracia; es la materia prima para la defensa legal futura: “A veces el departamento legal es un poco molesto, pidiéndote que documentes esto, que hagas aquello. Pero para contar esa historia más adelante, tiene que ser convincente. No sirve de nada solo contarla; hay que mostrar las pruebas”
Un concepto recurrente en la conversación es la privacidad desde el diseño. La idea es que las soluciones tecnológicas se diseñen desde el principio para incorporar medidas de protección de datos, en lugar de añadirlas posteriormente. Según la Dra. Renata:
La privacidad desde el diseño implica garantizar que la solución se construya teniendo en cuenta todas estas precauciones, toda la legislación pertinente y todo lo demás que sea importante para que usted pueda demostrar posteriormente que actuó correctamente.
Renata Barros, Directora Legal, Cumplimiento y Gobernanza de Skyone
En el episodio, los presentadores también plantearon un escenario realista: ¿qué sucede si el desarrollador sigue estrictamente las mejores prácticas de Privacidad desde el Diseño y Seguridad desde el Diseño y aun así sufre un incidente? La respuesta de Fabretti equilibra la honestidad legal con el pragmatismo:
Tener todo perfectamente organizado no garantiza una seguridad del 100%. Pero si se trata de un problema menor, contar con todo ese dispositivo puede demostrar al organismo regulador o al juez que era imposible que no hubiera ocurrido, incluso con todas las medidas de seguridad implementadas.
Henrique Fabretti, Socio de Opice Blum Advogados
Además del riesgo, existe un segundo elemento: la buena fe. Fabretti subraya que demostrar la buena fe no es solo un principio de la LGPD (Ley General de Protección de Datos de Brasil), sino un factor concreto en el cálculo de las multas impuestas por la ANPD (Autoridad Nacional de Protección de Datos), capaz de reducir la sanción. Por lo tanto, la documentación y las pruebas no son solo una defensa: son factores atenuantes.
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Al final del episodio, la Dra. Renata resumió sus recomendaciones para particulares y empresas en una frase que encapsula toda la filosofía de gestión de riesgos tratada en el programa:
Pregúntate siempre: ¿existen riesgos? Y, por lo general, la mayoría de las actividades los conllevan. Si surge un problema, ¿cómo me afectará? Si no se puede hacer, ni decir, ni demostrar, no lo hagas.
Renata Barros, Directora Legal, Cumplimiento y Gobernanza de Skyone
Henrique Fabretti añadió una recomendación de prueba de estrés aplicable a cualquier producto digital que maneje datos personales:
Los abogados trabajamos con riesgos; es nuestro mundo, analizando qué podría salir mal. Analice detenidamente lo que está haciendo: ¿cuál sería el escenario catastrófico? Si la catástrofe es que alguien fallezca o sea desalojado de su casa, se requiere un nivel de cuidado mucho mayor. Si la catástrofe es que alguien reciba una llamada publicitaria no deseada, es molesto, pero no catastrófico.
Henrique Fabretti, Socio de Opice Blum Advogados
La conversación proporciona una hoja de ruta clara para cualquier fundador, desarrollador o empresa que esté "programando con la técnica vibe" un nuevo producto de IA o en la nube:
Como resumió Robson Del Fiol durante el programa, la exposición a este tipo de riesgo no comienza con el lanzamiento del producto, sino en la fase de ideación. Y ese es precisamente el punto ciego de muchas empresas digitales actuales: la tecnología avanza en semanas, pero las consecuencias legales de una decisión mal informada pueden perseguir a la empresa durante años.
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